Hijos de padres divorciados: Cómo explicarles que no van a pasar juntos las navidades

Llegan las navidades y, por desgarcia, muchas personas separadas o divorciadas y con hijos, van a tener que pasar estas fechas tan familiares alejadas de sus hijos. Es una de las consecuencias más tristes, quizás, de las rupturas de pareja. Al margen de lo pactado de manera amistosa o no, lo más importante es la parte emocional que esto conlleva ya que a ningún progenitor le gusta pasar las navidades sin sus hijos.

Según Alejandro Busto Castelli, de Psicología Ceibe, «en mi trabajo con parejas, en ocasiones he sentido que muchas veces no se le da la vital importancia que tiene una separación desde el punto de vista emocional. Es como si se subestimara de alguna forma la ruptura, ignorando el duelo y racionalizando el proceso», dice y «en un proceso de ruptura con hijos, mi sensación es que bien por miedo al sufrimiento, por desconocimiento o egoísmo, la racionalización aumenta, la oscuridad emocional se acrecienta y escudados en viejas creencias del tipo, “son aún pequeños, no se enteran”, «tienen que saber quién es su padre/madre”, convertimos a los hijos en rehenes de un secuestro emocional del que no son parte o no deberían serlo».

Para el psicólogo, con demasiada frecuencia se olvida que desde elpunto de vista de un hijo, desde lo más esencial de su existencia, él es el producto del amor de una pareja, de dos que han decidido compartir su vida y si esa razón desaparece, desaparece también su razón de ser. «Su vida deja de tener sentido —explica— por lo tanto, continúa, tener esto presente, nos invitaría a cuidar la forma y el contenido, el que y el cómo comunicamos cualquier decisión que les atañe en relación a una separación».

El experto cree que «evidentemente no en todas las fases del desarrollo de un niño esto tendrá el mismo peso, especialmente en los primeros años de vida en la búsqueda de la individualidad, es mucho más difícil manejar la pérdida de aquello que te trajo a la vida». «Cuando los hijos son más mayores, más dueños de sí mismos tienen también más herramientas para la gestión del duelo necesario en la ruptura», recuerda.

Navidades por separado

La mayoría de los padres separados se reparten las fechas o por años, un año la nocebuena y navidad uno, y al año siguiente, el otro. O, en el caso de vivir cerca, también se reparten la Nochebuena uno, la navidad el otro. Sea cual fuere la solución escogida, para el psicólogo «las decisiones tomadas en relación a la custodia, reparto de horas de presencia, régimen de visitas y demás temas percibidos socialmente como logísticos, no pueden escapar a la historia de esa pareja, a las razones y motivaciones de la ruptura y a la forma en general de vivir el proceso. Sería una temeridad ignorar la particularidad emocional de un sistema que se resquebraja en aras de una ley, una sociedad, una cultura o un sistema judicial»

«Además, agrega, puedo entender las decisiones que se toman desde lo judicial en una separación, pero no siempre las puedo justificar cuando ignoran la parte emocional del proceso. Ahora bien, como norma general a la hora de explicar por ejemplo a los hijos por qué vamos a pasar las navidades separados, debemos ser honestos y sinceros. Huir del engaño y la elaboración de “cuentos” pseudo tranquilizadores, cuestionar la creencia “no lo van a entender” y a partir de ahí construir».

Ser sinceros y explicar qué ocurre

Alejandro Busto considera que esta parte es esencial: «Creo que antes de este ejercicio de honestidad con los hijos, debemos también hacer un ejercicio de honestidad con nosotros mismos. ¿Cuál es la razón real de pasar fiestas separados? Porque si tiene que ver con la necesidad de cada progenitor de estar presente con sus hijos en momentos de ilusión y de alegría, será fácil hacer un ejercicio de honestidad con ellos. El problema es que cuando son otras las razones, cuando los hijos son rehenes del dolor, de la rabia y del resentimiento de sus padres. La manera de abordar las explicaciones y lo que compartimos o no, con nuestros hijos a la hora de la separación, desde mi punto de vista tiene que ver con lo emocional. Siempre pasará por ser honestos emocionalmente. Sin duda que no usaremos ni las mismas palabras ni los mismos conceptos con un niño de 4 años que con uno de 15, pero en esencia se trata de lo mismo».

La aceptación de lo que sentimos

Es muy importante que «la aceptación de lo que sienten nuestros hijos es básica y es el punto de partida. Puede que nos sintamos culpables y/o aumentemos el resentimiento hacia nosotros y nuestra ex pareja si percibimos que nuestros hijos sufren ante la separación, sin embargo, flaco favor haremos si negamos, reprimimos o cuestionamos la tristeza y el dolor que puedan estar experimentando. Tienen libertad para sentir.Tenemos libertad para sentir cualquier cosa. Cualquier emoción es parte de nosotros. Más allá del juicio moral y social que se haga sobre las llamadas emociones negativas, como la tristeza, el miedo o el odio. Siguiendo esta reflexión debo decir, que para lo que ni padres ni hijos tienen libertad es para hacer cualquier cosa en nombre de lo que sienten».

«Puedes odiarnos por esta decisión y puedes estar muy triste pero no puedes agredirnos, ni ignorarnos en nombre de tu tristeza. Sí puedes y debes compartirlo y expresarlo. Yo/ nosotros te escucharemos si lo necesitas. Es decir, libertad para sentir pero no para actuar», matiza.

Finalmente el psicólogo cree que «quizás un buen camino que recorrer, sea cual sea la edad de los hijos y el histórico de separación, tenga que ver con mirar primero hacia nosotros, ser honestos y asegurarnos que las decisiones que tomamos en estas fiestas o en cualquier otro momento del año, tienen que ver con el amor y el bienestar de nuestros hijos. Segundo aceptar lo que sentimos sin subestimar ni racionalizar la ruptura, teniendo en cuenta que no todo vale en un proceso de este tipo. Y finalmente aceptar y acompañar en sus emociones a nuestros hijos adaptando el lenguaje y el discurso a la edad que tengan. Un buen abrazo en silencio, es una gran estrategia en cualquier momento y cualquier circunstancia, con independencia de la edad que tengan nuestros hijos».